jueves, 28 de enero de 2010

Publicados en la Antología de Antimusa

SEMANA

De lunes a viernes, cuando el reloj apura el paso, las labores demandan y a veces el mercado. Esos días, aclara más temprano, el teléfono suena con alguna insistencia y el espejo se pone en automático.
Y que no sea asueto, que el placard acuda con sus mandatos claros, que se cumpla el horario y el escritorio, sin flores, descolle en malabares.
De lunes a viernes, siempre que sea hábil, pasa una vida.
Como un carnaval prosaico con pancartas de un tiempo que marca el calendario. Vertiginoso, sin lugar para peinados, ajuares, menús ni perfumes inquietantes.
Por detrás, domingo, sábado o feriado, pasa otra.
La galería de umbrosa parsimonia, con sus fantasmas y gaviotas.

Allí me apronto, por si acaso florezcan las magnolias.


MARIPOSA
A mi abuela

¿Por qué te llaman Mariposa?
Te pregunté subida en el banquito cuando el agua tibia me salpicaba el delantal de tela y los zapatos guillermina.
Se acercaba la hora de la siesta y de las historias del abuelo que sonreía sobre la cómoda.
Me hablabas de tus amigas. Yo miraba tus manos que tanto se asemejan a las mías de ahora. Cuando las masajeo, dedo por dedo, me vuelve el aroma de los trapos calientes y el tintineo de aquel collar de perlas.
Te gustaban las castañuelas y probarme vestidos sobre la cama de tu pieza
Yo me quedaba quieta entre hilvanes y alfileres, ubicada para mirarme en el reflejo de tus lentes.
Del ovillo a la escoba, de los aros a la sopa caliente. El salto de cama y el vertiginoso taconeo, no debíamos llegar tarde a la misa de las nueve.

¿Por qué te llamaban Mariposa?
me arrimé sin mirarte
y en el aire revoloteaba a colores
el perfume de tu talco de gardenias.

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